REGULAR

SERIE / POR TBS

Todo lo bueno que vimos en la primera temporada de “Miracle workers” quedó demasiado lejos. Lo que lucía fresco, original, por momentos hilarante, se tornó poco inspirado. Como si las ideas se hubieran agotado y los capítulos de esta segunda parte desfilaran a marcha forzada. Y eso que el elenco y el equipo creativo no han cambiado.

La serie, articulada con episodios breves y formato de sitcom, es fruto del ingenio del humorista y escritor Simon Rich. Para materializarla, Rich cuenta con el respaldo de uno de los cerebros de la comedia norteamericana: Lorne Michaels (el padre de “Saturday Night Live”). La primera temporada se basó en “What in God’s name”, desopilante y muy recomendable novela de Rich; la segunda parte de una historia breve y mucho menos lograda del autor, “Revolución”. Estas diferencias en el material original empiezan a explicar las cosas.

Se trata de dos historias sin ningún tipo de conexión, salvo -quedó dicho- el cast, que sigue siendo de primera. En la temporada inicial, Steve Buscemi era Dios y Daniel Radcliffe interpretaba a un ángel apurado por evitar el Apocalipsis. Pues bien, la acción pasó del cielo a la Edad Media. Aquí Radcliffe es un príncipe tan estúpido como de buen corazón, mientras Buscemi desempeña un rol clave en el pueblo: limpiador de un invento tan revolucionario como las letrinas. De todos modos, lo mejor del reparto siguen siendo la adorable Geraldine Viswanathan y Karan Soni. No faltan los cameos de figuras como Kevin Dunn y Fred Armisen.

La sátira es el móvil de “Miracle workers” y los estereotipos medievales representan la carne de cañon del humor de Rich, capaz de reirse con la misma ironía de los de arriba y de los de abajo. Tampoco hay vuelo para mucho más.